Colombo, Joe

Joe Colombo, (Milán, 1930-1971) se formó como pintor en la academia di Belli Arti di Brera en Milan hasta 1949 y, posteriormente, estudió arquitectura en el Politécnico de Milán hasta 1954. En 1951, se unió al Movimento Nucleare, fundado por Sergio D´Angelo y Enrico Baj. Durante los cuatro años siguientes, se dedicó activamente a la pintura y escultura expresionista abstracta, y expuso su obra con otros miembros del grupo en Milán, Como, Brescia o Bruselas. En 1955, se asoció al Art Concret Group. pero hacia 1958 abandonó la pintura para dedicarse al diseño.

Joe Colombo es un icono para los diseñadores, un artista polifacético y un precursor de una visión futurista del mundo, Colombo fue un sprinter. Vivió la vida a toda velocidad. Sus diseños de espacios dinámicos y muebles flexibles y rodantes reflejaban esa afición a ir deprisa que le llevaría a viajar por el mundo y a diseñar coches de carreras. A este arquitecto no le interesaba el pasado, y en el presente sólo sabía leer el principio del futuro. Pero no tuvo futuro. Un ataque al corazón le impidió inaugurar la exposición Italia: el nuevo paisaje doméstico, que preparaba para el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Colombo murió de un infarto el día que cumplía 41 años. El futuro que tanto le gustaba, sólo había conseguido vivirlo en su imaginación.

Vaticinó el uso continuo de los teléfonos móviles y el teletrabajo. Diseñó interiores flexibles, comprimidos y con habitaciones que podían variar su tamaño y su colocación dentro de un mismo piso. Con muchas de esas ideas se construyen hoy los diseños más vanguardistas. Pero Colombo no dibujaba utopías: muchos de sus muebles todavía se producen. Ideó estanterías circulares que se cuelgan del techo, copas con un pie descentrado para poder sujetar vino y cigarrillo con la misma mano. Creyó en el plástico como en un material moderno, revolucionario y eficaz.

Experimentó con nuevos métodos de fabricación y técnicas de construcción. De hecho experimentó incluso con su nombre. Lo de “Joe” le llegó por casualidad. Se lo pusieron sus alumnos del Politécnico de Milán. Tenía el pelo rojizo y el aplomo que atribuían a los norteamericanos. Y a él le gustó tanto la broma que empezó a firmar Joe, al principio, combinado con su nombre real, Cesare.